
dejé de verte durante unos minutos. estabas a poco menos de un metro de mí, sentado al otro lado de la mesa. pero yo no estaba allí. nuestras manos estaban a cien mil kilómetros de distancia. no sabría decirte exactamente dónde me encontraba, pero de todas las millones de caras que se encontraba a mi alrededor ninguna era la tuya. no reconocí a nadie, seguramente estaban allí por la misma razón que yo. tú seguías hablándome, de mí. y yo escuchaba un pitido intenso en algún lugar entre las córneas y la nuca. pero te oía, de eso estoy segura. y luego supe que te escuchaba también. pero más tarde, cuando me cogiste la mano izquierda y me tocaste hasta lo que queda de mi pintura de uñas roja.





