sábado


dejé de verte durante unos minutos. estabas a poco menos de un metro de mí, sentado al otro lado de la mesa. pero yo no estaba allí. nuestras manos estaban a cien mil kilómetros de distancia. no sabría decirte exactamente dónde me encontraba, pero de todas las millones de caras que se encontraba a mi alrededor ninguna era la tuya. no reconocí a nadie, seguramente estaban allí por la misma razón que yo. tú seguías hablándome, de mí. y yo escuchaba un pitido intenso en algún lugar entre las córneas y la nuca. pero te oía, de eso estoy segura. y luego supe que te escuchaba también. pero más tarde, cuando me cogiste la mano izquierda y me tocaste hasta lo que queda de mi pintura de uñas roja.

viernes



vimos una playa a lo lejos. tan lejos que mis ojos la confundieron con la niebla que había aquel día que subimos a la azotea los dos solos y me hablaste de algo que cegó mis ojos. la playa estaba vacía. y llenas mis venas recorriendo tu cuerpo. llenas de ti. de tus pupilas. de tus dedos. llenas las venas corriendo entre tus pulmones y tus brazos. lleno tú repoblando los millares de árboles devastados que obstruían mi sangre hacia los músculos. llena esta habitación de luz con nuestros claroscuros. llena ahora la playa vacía de ti, de mí y de los dos juntos. lleno el mar que empapa nuestros cuerpos y las corrientes que me llevan a ti. llenos nuestros pies de granos de arena diminutos. llena de frío. llena de calor. llena yo de nosotros. completamente rebosada e invadida.

sábado


trato de ir despacio, tan despacio que hasta mis piernas creen que están paradas. cada amanecer empiezo desde un punto distinto, sin llegar a saber nunca dónde está el final. el día se acaba mientras bajas por mis piernas, y renace en el mismo momento en el que abres tus ojos. la noche me deja sin manos. te encierro cada madrugada entre mis piernas mientras la luna me atraviesa la garganta. oigo tus susurros desde lo más profundo de mi estómago, subiendo hacia mis pulmones y succionando cada uno de mis alveolos. me vuelvo completamente roja, como si eclipsaras totalmente mis lunas. las huellas con las que ayer tracé el camino de mis orillas son borradas cada mañana por tus mares salados.

jueves



ella es como rotar un globo terráqueo, pararlo con el dedo índice y conseguir caer en cualquier otro lugar que no sea el océano atlántico. ella es tan pequeña como una partícula diminuta de nieve. y tiene el corazón tan rojo y tan grande como todas las repúblicas socialistas soviéticas juntas. ella sabe que si fuéramos a Rusia lo primero que haríamos sería correr a por un gorro de piel de zorro. sé que lo sabes.

lunes


no hace mucho que saliste. quizá fue en el mismo momento que cuando decidí arrancar tu huella de mis músculos cardíacos. no creo que fuera necesario tanto estruendo. antes de irte tuviste que reventarme los pulmones y vaciarme con una cucharilla de té hasta el último órgano de mi cuerpo. no me dejaste ni hígado. y dime, ¿cómo te quito de mi sangre sin hígado? ahora mis venas bombearán sangre infectada hacia un corazón enfermo por tu culpa.

foto: bally.